jueves, 11 de abril de 2019

La grandeza del ser humano

Ayer se pudo ver por primera vez la fotografía de un agujero negro. Un descubrimiento científico de una magnitud casi a la altura del día que se dieron cuenta que con una rueda las cosas fluían mucho mejor. ¿Y nosotros qué hacemos? ¿Qué hace la humanidad ante tal acontecimiento?

Estamos tan acostumbrados a bordear la realidad, a no aceptar las cosas que no alcanzamos a comprender que lo normal es burlarse y hacer mofa de todo. Más de dos años de números, investigaciones y poder coordinar no sé cuantos satélites para que cualquiera con wifi desde su casa pueda ver las miles de sandeces que se han publicado imitando la fotografía. Que si el ojo de Sauron, que si una rosquilla apunto de ser devorada por Homer Simpson, que si una in vitro irradiando y asín miles y miles de mangurrinadas en escasas veinticuatro horas. 

Porque la humanidad es lo que tiene y a la vez es lo que más me maravilla del ser humano. Somos capaces de descubrir un diminuto agujero a millones, trillones, supermegatrillones de años luz de aquí y, al mismo tiempo, lo primero que se nos ocurre cuando nos dan un lápiz es dibujar una polla. 

Y al final, lo que sorprende es al revés. ¿Cómo es que vemos normal que en Altamira esté lleno de bisontes y pinturas rupestres y ni un solo pene? En qué momento la humanidad empezó a degenerar. Lo que no nos cuentan en historia o en los libros de ciencia es ese gen que va conmutando en los humanos convirtiéndolos cada día más tontulones.

En la era en que estamos todos apollardados con las redes sociales, idiotizados por series en streaming y películas de remakes de remakes o las versiones humanas de todo el catálogo Disney y donde la imaginación y el pensar es un lujo para muchos exista gente como Katie Bouman, una cerebrito del MIT más mona que todo colgando sus foticos en Insta mientras descubre un algoritmo que simple simple no debe ser. Ella, una chica aparentemente inocente, consigue tirar por el suelo otro mito, que las mujeres pueden ser guapas y listas que te cagas. ¡Tú sí que llegarás lejos, jovencita! Quizás no hasta el agujero negro, tampoco quieras ir de Ícaro por el mundo, pero oye más lejos que la mayoría eso te lo auguro yo.
 

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