domingo, 17 de junio de 2018

Un pelo con superpoderes!


Hace poco me volvió a salir un pelo con el superpoder de crecimiento. Es como si los que están al mando de la nave, no recuerden darle órdenes de que deje de crecer. Normalmente, los pelos del cuerpo suelen ser de unos dos milímetros de largo. Este, la última vez que lo vi, ¡llegaba a más de un centímetro! Era increíble, ahí estaba, en medio del brazo, salía finito, rubio y largo. Quedaba disimulado enredado entre sus otros compañeros de corta estatura y allí entre ellos hacía vida e iba creciendo tranquilo. Daba gusto, cuando lo detectaba, lo estiraba, lo acariciaba y veía como su longevidad cada vez era más espectacular.

Me encantaba presumir de mi pelo. ¡Mirad un fallo de mi sistema! ¡A ver si voy a ser Spiderwoman y no me enterao! Por si acaso, que tan loca no estoy aunque acaricie mi pelo larguirucho, jamás lo puse a prueba y no me colgué de un edificio pendiendo de él.

Un día, tristemente, como es normal en los pelos desapareció. Removí entre sus compañeros pero ya no estaba. Había desaparecido. Se había desprendido sin previo aviso de mi cuerpo. ¡Adiós querido pelo larguirucho!

No era la primera vez que sentía el abandono de un pelo subdesarrollado. Hubo un tiempo en que, en otro punto de mi cuerpo, entre mis costillas apareció uno de idénticas dimensiones. No podía jugar tanto con él al hallarse oculto debajo la ropa pero siempre me sorprendía gratamente encontrarlo cada día allí creciendo a lo salvaje.

¿Qué hará que un pelo se desmarque en su crecimiento y se vuelva loco? ¿Será una cuestión hormonal que en un punto concreto de nuestro cuerpo una hormona se vuelva majareta y como si se tratase de una araña se pone a tejer pelo como si no hubiera un mañana?

El caso es que hoy, he vuelto a mirar el punto en que estaba mi pelo larguirucho y… ¡Joder había otro! Sobresale sobre el resto de sus compañeros o sea que imagino que también será un pelo de características especiales. Yo, si eso, voy siguiendo su trayectoria, que aspira a ser casi tan larga como el anterior, y os voy informando.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Pasen y vean como me crecen los enanos


 Siento decirlo pero tengo que reconocer que me acuerdo que tengo un blog cuando me suceden cosas fuera de lo normal. Pero es que últimamente llevo una rachita... ¡Guapa, guapa!

Aunque debo deciros que es compartida con mi amiga M. Que parece que estamos compitiendo para el Gran Premio de Sortudas de la temporada 2017-2018.

No hace ni un mes nos envalentonamos y con el venga sí, sí, que sí, que ya verás tú qué risas nos echamos, nos apuntamos a una cursa. Con dos cojones aquí la que no tiene fuelle ni para cruzar la calle en ámbar, pagó 5 laureles que valía para participar y con el convencimiento de que sea lo que Dios quiera. Vale, que no era la típica carrera de 10 kilómetros sino una de chichinabo de tan solo una milla, poco más de un kilómetro y medio. Aun así, yo no las tenía todas conmigo.

El día D la fortuna nos abandonó y cayó un aguacero de tres pares. La milla se convirtió en un 100 metros de salta charcos y mojada como un pollo, con frío y una mala leche que hubiera matado a Cristo, a los dos minutos abandoné. Me rendí y del alma me salió un a tomar por culo, yo así... ¡no! que debió traspasar las nubes porque al cabo de dos horas el sol ya brillaba radiante.

Pero eso no es todo porque la lianta de M y yo que me dejo liar, decidimos poner una paradita en un mercadillo de segunda mano. Normalmente, este mercadillo en concreto suele estar a petar y los que montan puestecicos se suelen sacar entre 150-200 euros. Yo de beneficio neto me saqué unos 3 euros. ¡No eso digo más!

Venga va sí, os lo cuento. Con toda nuestra buena fe, preparamos todas nuestras cositas. Yo me dediqué a hacer pulseras molonas para el verano y con toda nuestra ilusión el domingo pasado llevamos todas nuestras rampoinas a vender.

En Barcelona, el lunes era festivo, por lo que pensé, bueno después de Semana Santa y el puente de mayo, la gente que se queja tanto que no tiene dinero, no creo que se vaya y los que normalmente se apalancan los domingos por la tarde en casa, como al día siguiente no se curra, seguro que se animan a venir también. Toda la semana anunciando lluvias y mal tiempo para esos tres días de fiesta, cosa que nos iba a nuestro favor pero, mira tú por donde, que justo el domingo un solazo que te mueres. Pues claro, ¡no vino ni el tato! Y encima, todo el mundo experto en movimientos migratorios de la gente, venga a decir que esto ya se veía venir… Que sí como también hay otros eventos en la ciudad… Que todo el mundo está en la playa…

Los pobres que estábamos allí como tontos, no nos podíamos creer la mala suerte que habíamos tenido. Y entre cubrir gastos y las cervezas casi no me da ni para volver a casa.

Pero como dicen eso de que si la vida te da limones haz limonada, nos lo pasamos estupendamente haciendo pompas con nuestras pelucas y cacareando todo el día.

martes, 27 de febrero de 2018

La mesías del cojín hervidor

Este invierno ya se vaticinaba que sería especialmente duro y yo, miembro honorífico del club Me cago en el puto frío, abierto de lunes a domingo, los meses que contienen una r en su nombre, me hice con el mejor invento que se puede encontrar uno en un bazar chino.

Un día, como cualquier otro, perdiendo el tiempo o haciéndolo, pues ahora no recuerdo muy bien, ya que a veces, como me tomo la vida con calma, soy de llegar pronto a los sitios y este tipo de tiendas son ideales para pasar el rato, así a lo tonto, mirando estanterías repletas de artículos de lo más variopintos. Entré en unos chinos que se encuentran en la Avenida Sarrià. Lo normal, pensaréis, es que en todos los chinos sus artículos tengan unos precios similares pero no, los orientales que son muy pillos, ya saben dónde deben poner una rampoina a más alto precio. Y este en especial, por tratarse de la zona, no sería de los más baratos que digamos. Aún así, sin muchas ansias de compra entré a chafardear.

Mi sorpresa fue cuando descubrí el cojín cuqui guay calentador.

¿Cómo? Sí, amigos lectores y fans en general. La piedra filosofal en forma de diminuta almohada hecha con tela de forro polar azul con estrellitas blancas y un bolsillito para poner las manos. Lo bueno del invento es que es como una tetera eléctrica, la enchufas a la electricidad y en cuanto hierve el agua ya puedes entrar en éxtasis durante horas.

Mi vida ha dado un giro de 360 grados que ha hecho que me quede en el mismo sitio pero qué coño muchísimo más agustico. ¡Ande vas a parar!

Mi mamá, que la pobre sufre de dolores musculares, se lo recomendé y ya se ha hecho su mejor amigo. Hace poco, vinieron unas amigas a cenar y cuando les presenté al que me da su calor en las frías noches de invierno quedaron maravilladas. Y en la cena de Navidad, con los que aguantan mis locuras escritas, al comentar que no solo andaba con el cojín mágico sino con otro saquito con semillas para el microondas en los pies, D se me quedó mirando con ojos incrédulos y como si de un rótulo de carretera se tratase apareció en su frente: con lo maja que parece y lo loca que está... Ya sí, no soy perfecta, D, què hi farem y menos por debajo de los diez grados. 

Quizás sí que algunos les pueda parecer un poco exagerado manta o nórdico, según si sofá o cama, más bolsa de semillas en pies, más cojín cuqui guay en barriguita. Pues una cosa os digo, ande yo caliente, ¡ríase la gente! ¡Abajo la tiranía de las estufas y las eléctricas con sus sablazos! 

Pero también hay que decir que no soy la única que tira de métodos externos para albergar un poco de calor. Me consta, que son muchas y algunos que tienen a bien el uso de la mítica bolsa de agua. Para mí, ¡ya una antigualla!