martes, 27 de noviembre de 2018

Mi tótem


Hace poco con los compis estuvimos hablando sobre nuestros posibles tótems y cuál debería ser el de cada uno. Yo me quedé toda pilluqui, como diría L, con el tema y, al principio, lo ví claro. Sí, sí, mi tótem es un pez. ¡Vamos! Con la memoria de mierder que tengo era esto o mosca. Otros síntomas que apoyaban mi teoría es mi empanamiento natural o mis mini ojos, pequeñitos y redonditos. Aunque, gracias a Dios, centrados en la cara y no a los lados. Ahí, como siempre, siguen mis orejas radar para captarlo todo.

Me podría pasar horas flotando, nadando en la piscina o en la playa con el solete dorando mi piel o bajo el agua caliente a chorro de clics en la ducha del gim. En una bañera con espuma hasta la nariz con música relajante, una copita de vino y un torso fornido donde apoyar la espalda. Pero teniendo en cuenta que solo dispongo de una ducha dentro de un armario de la cocina y que, lamentablemente, los torsos fornidos no se prestan a ello, pues a tomar por culo mi ideal de bañerita espumosa y me tengo que conformar, de vez en cuando, con jacuzzi compartido en el spa.

Pero el pez por naturaleza es feliciano, no tiene mal alguno y aquí... ¡Aquí ya nos distanciamos, amigo pez! ¡Adiós pescadito, adiós!

Lógica, cuadriculada, rancia de primeras. No me vengas que te bufaré, no me hagas caso y te odiaré. No discrimino y puedo ser amiga hasta de una pelusilla. Me entretengo sola con cualquier tontería. Yo, mi imaginación y poco más. Mi reino, más de una vez, por enroscarme en un rincón a soñar despierta y atenta a todo por si alguien me necesita. 

Generosa con los que están a mi lado. ¿Qué quieres? ¿Un ratón? ¿Un bicho bola? ¿O mejor un buen bizcocho o unas croquetillas? ¡Dame cariño y yo te lo preparo!

Pero a los gatos el agua... Ejem, ejem. Aunque les gusta para beberla bien fresquita, el tema de hacerse unos largos en la piscina tampoco les va mucho.

Por lo que, no me queda más remedio que ser una gato-pez o un pez-gato. Pero entonces, ¿cuerpo de pez y cara de gato? ¿Una sirena gata? ¡Sexy, sexins, eh! Aunque a ver, que por todos es conocido lo mucho que les gustan a los gatos los peces. Vamos, que mi tótem se quedaría sin cola a la mínima de un solo bocao. ¡No, no! Mejor cara de pez y cuerpo de gata. ¿Sí, mejor? Esto... ¡Quita, quita! Paso de ir por ahí con cara de pez. ¿Os imagináis...?

Resumiendo y tomando todo en consignación, creo firmemente que debo ser marciana y ya está. Y, por lo tanto, lo normal sería que mi tótem fuera un alien cabezón de color de mierda de oca, como siempre me decía mi abuela cariñosamente.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Todo pasa en la calle Aragón

Las oficinas en las que trabajo dan a un tramo de la calle Aragón de Barcelona. Para los que no conozcáis esta calle es una de las arterias principales de la ciudad condal. Tiene cuatro carriles para el tráfico y un carril bus.

Pues en este trozo de calle, parece mentira, la de cosas que nos han pasado. Lamentablemente, por cúmulo de tráfico y retarders al volante, los accidentes se multiplican y, cada dos por tres, tenemos que llamar a urgencias por moto desparramada en el suelo. 

Como en muchas partes de Barcelona tenemos al lado un edificio en obras. De esos que para no tirar todo el edificio entero lo vacían por dentro y llenan contáiners y contáiners con runa. Estuvimos una época en que cada día venía un señor con su grúa a cambiar el contáiner lleno por uno vacío. Hasta que un día llegó el novato de la empresa. Madreeee, la que lió el pobre chico. Cómo sufrimos ese día con el chaval. No había manera de encajar el contáiner en la parte trasera de la grúa. Mirad si la lió parda que acabó con una de las esquinas del contáiner, que deben pesar cómo mínimo tres o cuatro quintales, atravesando el cristal trasero de la cabina. El chasis por la parte de arriba quedó hecho un acordeón de metal, bueno, bueno, tremendo. Todos con las manos en la cabeza asustados. Que no nos dió ni para agarrar el móvil y hacer un video viral.

Y, ayer, en ese mismo edificio levantaron un muro con una puerta a Neverwhere. ¡Muy útil!

Pero no todo son desgracias. Nuestros compañeros se ponen muy contentos cuando las de la tienda especialista, como dicen ellos en su cartel en ropa sudamericana, trapitos para señoritas alegres de estilo apretadito, se hacen fotos para su catálogo. Es divertido observar como chicas pechugonas arrepretujadas y con poca tela en sus vestidos se ponen encima del capó de un coche a hacerse fotos y van saliendo y entrando de la tienda con diferentes modelitos. 

Y quizás me diréis que es normal, que en todos lados pasan cosas. Bueno, a ver, aquí hemos vivido desahucios de un edificio entero, policías, antisistemas gritando, cámaras, periodistas, todo un entrenamiento. 
 

Y hoy, con las lluvias, se ha inundado una de las esquinas de la calle. Dos dotaciones de bomberos, tráfico cortado, un nuevo follón. Total para que un solo bombero con un palito desatasque la alcantarilla de hojarasca.

¡Coño que así no hay quien trabaje!

miércoles, 31 de octubre de 2018

Muertos vivientes Gggrrr


¡ATENCIÓN! ¡ATENCIÓN! ¡BREAKING NEWS!


¡¡¡Supernotición!!!  Prontito podréis encontrar en Amazon un nuevo libro de esta humilde bloguera: La Parca. Con un montón de nuevos y viejos relatos de este mítico personaje de Normal? 

Pero mientras, para abriros el gusanillo y no dejaros sin cuento de la Castanyada, aquí os dejo uno recién horneado incluido en él:


"Por fin mi momento favorito del día frente a mi café y mis dos pequeñuelos crusanes de merendola rica. Hoy parece que las camareras han tenido una deferencia con su cliente sin lactosa y me han puesto una chuchería. ¡Como mola Halloween! Creo que van disfrazadas de pordioseras y me ha parecido que decían truco o trato a lo yankie, pero como no son de aquí no entendí bien lo que balbuceaban. Algo parecido a gggrrr...

Giro el platillo intentando no derramar su contenido para observar bien qué golosina me han puesto. ¡Anda, mira, un trozo de dedo! Cada vez hacen éstas mierdas más realistas. Me da un poco de asquito, aun así le hago una foto para el insta y me lo guardo en el bolso envuelto en una servilleta para poder dárselo a alguien más valiente y con menos escrúpulos.
 

Las camareras siguen con su rollo de hacerse pasar por monguers. Van de un lado a otro como si estuvieran atrapadas detrás de la barra y van llamando la atención de la gente con gritos ininteligibles. Me zampo la merienda mientras contemplo como aumentan mis likes del dedo-chuche y repaso las últimas noticias en Pajarito azul. Casi todo son piopíos de política y frases molonas de escritores a los que no llegaré jamás ni a la suela de los zapatos. 

Me doy cuenta de que es tarde y me las piro al gim dejando atrás el lío que tienen montado en la cafetería. Han pillado a un cliente y le han echado por encima un líquido viscoso rojo y, claro, el señor se ha puesto a gritar. Me da la sensación que a estas chicas la performance se les ha ido un poquito de las manos.

Entro por la puerta del gimnasio y con uno de los recepcionistas han simulado que le han cortado la cabeza y la han dejado encima del mostrador mientras babea y escupe a la gente. Intento pasar por el torno más alejado para no recibir lluvia innecesaria de escupitajos.
 

En el vestuario veo que muchas de las chicas habituales se están preparando imagino que para una clase especial Halloween. Están como idas chocándose entre sí, unas contra las otras. ¡Me cachis! Nunca me entero de nada. Dudo de si bajar a preguntar al asquerosín tirababas pero me da pereza y prefiero preguntarle a una de las chicas que tengo más cerca. Como se está atando la zapatilla me espero a que acabe. Me fijo bien y observo que no es la zapatilla lo que estaba anudando sino que se está cosiendo el pie a la pierna. ¿El pie a la pierna? ¡Ya no sé ni lo que veo!

—¡Que bien te ha quedado eso! ¡Parece auténtico!
—Gggrrr...!
¡Joder que borde es la gente!
La tiparraca se levanta y con los brazos extendidos viene hacia mí.
—Sí, mira. ¡Ahora! Anda, anda, ¡vete por ahí!
—¡Gggrrr...!
—Sí, gggrrr, ¡pallá!


La redirecciono hacia una chica que acaba de entrar haciendo aspavientos. La loca Gggrrr se le lanza encima y empieza a sobreactuar como si le mordiese en el cuello haciendo gritar más a la señorita aspavientos.
 

Como puedo me acabo de cambiar y huyo de ese follón. La escalera que va hacia las clases parece tranquila. En el segundo rellano, en el vestuario de chicos, hay unas cintas negras y amarillas cruzando la puerta y un cartel que pone: cuidado, muertos vivientes atrapados.
 

Pienso en lo monotemático que está siendo el día y sigo escaleras arriba. Cuando llego a mi clase del tirador de la puerta hay colgada una mano goteando lo que parece sangre. Miro detrás de mí por si viene alguien y me puedo ahorrar tocar esa asquerosidad. Pero no hay nadie y como ya han empezado tiro de ella para poder abrir. En un susto de la muerte la mano se desprendre y sale corriendo escaleras abajo. ¡Carambas! ¡Como se las gastan en este gim! ¡Manos teledirigidas! Insisto con el tirador aún pegajoso y entro. 

El profe molón parece que se ha enredado con las asas de las cintas del TRX. El animalico, me da pena y hago un intento de acercarme para ayudarle, pero veo que se descuajeringa el hombro, que tiene ya muy sueltecito, el pobre, de otras lesiones y se deja el brazo colgandero. ¡Por Dios, que grima!

—¿Estás bien?
—Gggrrr...
—Vaya, ya veo que hoy todos habláis el mismo idioma.


Aunque no luce su sonrisa habitual porque ya se ve que está muy metido en su papel imagino que debe ser un brazo de conia y le dejo colgao como un fuet mientras me dirijo hacia el baúl donde está el material que necesito. Una de las compañeras me saluda desde el fondo de la clase. ¡Qué maja! Hay que decir que en este gimnasio, salvo días como hoy, la mayoría parecen muy simpaticoides y
desprenden una energía muy guay.
 

Aunque apenas nos conocemos me acerco a ella para saludarla y veo que le falta un ojo.

—¡Me cago en la madre...! Pero tápate eso que se te va
a infectar.
Parece que se ríe de mi chiste y me rio con ella.
—Gggrrr...
—Sí, sí, gggrrr también.
Detrás de mí aparece otra de las chicas.
—Gggrrr...
—Hombre, ¿qué tal? No me digas... ¿Gggrrr...?


Como me incomoda la corta distancia que me están dejando para respirar me aparto un poco de ellas. La mala pata hace que resbale con una de las víscerasque hay esparcidas a modo de atrezzo por toda la clase. Hacen una peste terrible pero dan el pego. Seguro que son restos de vacucerdo, ese animal inventado por el dueño de Mercamujer.
 

Me doy un buen culazo y veo que el profe molón que ha conseguido soltarse junto con el resto de compañeros hacen un corro a mi alrededor.

—Gggrrr...
—Gggrrr..., Gggrrr... ¿Qué? ¡Que me he hecho daño, conchi! ¡Va, dejadme levantar!
—Gggrrr...
—Apartarsus, ¡Conio! ¡Que tanto gggrrrr y que gaita muerta!
—Gggrrr...
 

¡Joder, que estos tios me quieren comer! ¡Que van en serio! ¡Mierda, mierda, mierdaaa!
 

De repente, empieza a sonar música.
 

—Ah, mira, ideal. ¡Thrilleeeer! ¡Thriller night!
 

Empiezo a cantar y a medida que me voy desgañitando viva los despojos humanos se van separando del corro y empiezan a bailar espasmódicamente. Consigo levantarme y al lado del aparato de música veo a mi vieja amiga La parca desternillándose de risa.

—Esto es idea tuya, ¿no? ¿Tu sabes el susto que me has dao?
—Lo siento, querida. Pero hoy tampoco vas a morir.
—Tienes que dejar de hacer esto... ¡Mira, mi profe molón hecho un guiñapo! ¡Con lo bien que baila!
—Debo marcharme ya, que tengo a S en una pista de padel llena zombies.
—¿Cómo? A... ¿S? No te vayas. ¡Espera!
—¿Qué?
—Dale recuerdos.
—¡Vaya dos tontos! Creo que dejaré que os coman los zombies.
—¡Nooooo! ¡Gggrrr...!

FIN."